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Tiny Middle Finger

jueves, 1 de mayo de 2014

Prólogo
Valentia

Estoy con él, nos estamos despidiendo. Esa noche fue una de las mejores. Sé que se supone que deberíamos estar escondiéndonos, pero sé que él puede defenderme, y él sabe que yo puedo defenderlo. Estoy entrando a mi casa, cuando un grito ahogado me sobresalta y luego a eso, un golpe seco en el pavimento. Me doy la vuelta, deseando que no sea lo que pienso que es. Pero si, lo es. Allá esta, recostado sobre el pavimento, con un cuchillo a su lado y uno de esos malditos mutos corriendo hacia la derecha. Apenas lo veo, estoy a punto de romperme, pero mi ira me detiene. Corro hacia el cuchillo, lo agarro y lo lanzo a la oscuridad esperando que de en mi objetivo. Se escucha otro golpe, y eso me vuelve a la realidad. Me hundo hasta mis rodillas y comienzo a llorar. Pero en realidad no lloro, solo sollozo en silencio, no quiero que nadie se entere de esto, porque nadie hará nada. Bueno, si lo harán, me llevaran a la cárcel -y valla a saber que es lo que me harán allí-  por salir cuando no se me permite. Esto es irónico, la verdad, ves a alguien morir, pero no puedes hacer nada, solo ver el cuerpo tendido sobre el suelo. La sociedad es de esta manera ahora, mutos por las calles, humanos muertos de miedo, dentro de las casas con miles de protecciones para que nada pase.
Tuvimos que aprender a defendernos por nosotros mismos. Uri me ayudó mucho en eso cuando mi madre murió por unas de esas estúpidas bestias. Ella me enseño lugares en donde la gente podía convivir con distintas personas sin ser descubiertas por el gobierno y aprender a defenderse. Mi madre sabía perfectamente como defenderse.

Ese día, yo cumplía diez años, y era la primera vez que iba allá. Todo el camino fuimos escondidas. Recuerdo preguntarle a mi mama porque no íbamos por la calle si ella podía defendernos y matar algunos de ellos, y ella me contesto que era muy pequeña para verlos, ya que realmente eran horribles. No respondí, solo le creí, porque... solo sé que hay que creerle a alguien cuando te quiere cuidar. Al llegar me enseño a disparar armas, esconderme bien y lanzar cuchillos, lo que más me gusta. Ese día fue muy complicado. La verdad es que nunca había sostenido un arma, y con cada balazo mis ojos amenazaban con llenarse de lágrimas. Esconderme se me daba bien, soy chiquita mires por donde me mires, pero era muy bruta, por lo que cada vez que trepaba algo me caía de la manera mas dolorosa posible, al esconderme, empezaba a estornudar, toser o cualquier cosa que implique que mi cuerpo haga algún sonido y se mueva, mejore mucho en eso. La primera vez que lance un cuchillo, me daba miedo, pensaba me haría daño, a mí o a cualquier persona. Mi madre noto eso, por lo que me dio una goma para el cabello para practicar mi puntería, y sorprendentemente era muy buena. Después de haber estado por una hora, los mutos entraron (por primera vez en años. Eso demuestra la suerte que tengo), comenzaron a matar a todos los humanos que se les cruzaba por el camino. Yo empecé a correr desesperadamente en busca de mi madre, ya que todo era un baño de sangre, todos, humanos y mutos, estaban armados y luchando entre si. Cuando al fin encuentro los cabellos avellana de mi mama, corro por entre la gente, pero para cuando llegue, ella estaba desplomada en el suelo, con un disparo en el medio del pecho. La vi a los ojos y solo vi su alma saliendo de ellos. Me quede allí sin saber si ponerme a llorar, salir corriendo o pedir ayuda. Intente hacer alguna de ellas pero mi cuerpo no respondía. Mis ojos se llenaron rápidamente de lágrimas y cuando alce la mano para limpiarme la cara, lo vi. Uno de esos mutos con un cuchillo en mano, acercándose. En ese momento el pánico se apodero de mí y no emití ningún tipo de sonido. Cuando la extraña figura estaba a tan solo unos centímetros de mi, alguien me toma por los hombros y me tira al suelo. Mi mente no reaccionaba, pero mis ojos seguían viendo la figura de un joven de un par de años más grande que yo. Tenía los cabellos de color marrón oscuro y con rulos. El saco un cuchillo y lo metió hasta el mango en el cuerpo del muto. Cuando saco el cuchillo esta lleno de un líquido verde asqueroso, trate de no mirar, pero estaba muy sorprendida y desesperada por entender un poco sobre lo que estaba pasando. El sacó un trapo y limpió el cuchillo en el. Me tendió una mano mientras guardaba los dos objetos dentro de su campera de cuero. Me levantó de un tirón, mientras con su mano libre se llevaba el pelo hacia atrás. Cuando estaba de pie, me soltó la mano y me dio una amplia sonrisa. Si no hubiera ocurrido todo lo que acaba de ocurrir, le hubiera devuelto la sonrisa
-Hola, mi nombre es Uri – Dijo sin dejar de sonreír
-Hola – Dije tímidamente – soy Valentia
-okay, ¿tu nombre es valentía? Es estraño, pero tengo que admitir que algo original
-No, se dice Valentia
-Bueno, pero creo que te queda mejor Valentía – Sonrió de nuevo, mas ampliamente. Realmente no creía que alguien pudiera sonreír tanto
-Solo mi madre me llama Valentía, una vez me dijo que me había puesto ese nombre por mi padre. El murió tratando de protegerla mientras yo nacía. Mi nombre es por la valentía de mi padre – No supe por que le estaba diciendo esto a alguien que no conocía, luego escuche lo que dije y me corregí -. Bueno, ella me llamaba Valentía
-Uuuh, realmente lo siento – Dejó de sonreír por un segundo, miró unos minutos sus zapatos y cuando levantó su cabeza su sonrisa estaba de nuevo –. No sabes cuanto te entiendo
-¿Porque? – La pregunta salió de mis labios, antes de entender lo que dijo
-Perdí a mis dos padres hace unos tres años – Me miró, no esperando a que diga algo, solo lo hizo para calcular sus palabras, por un momento pensé que iba a decir algo mas sobre ello, pero me equivoque – ¿Tienes alguien que te lleve a casa?
-No
-¿Sabes como llegar? Puedo llevarte, si no sabes como. ¿Hay algún otro familiar que te este esperando en casa? Así le hago llegar la noticia
-SI, se como llegar. Y no, no tengo ningún otro familiar
-Ouh, ese es un problema. No creo que sepas defenderte si vives sola. Espérame un momento
Lo vi irse, y me pregunte porque se preocupaba por mi, alguien que recién conocía. Al menos sabia que preguntarle cuando vuelva. Volvió después de unos minutos, con una de sus grandes sonrisas.
-Problema resuelto, te quedaras acá
-¿Qué?
-iremos por tus cosas mas tarde, solo confía en mi
Al decir eso me recordó la pregunta que tenia para hacerle
-¿Uri?
-¿Que pasa?
-¿Porque te preocupas tanto por mi? Ni siquiera me conoces, no entiendo
-Ya lo dije. Te entiendo. Entiendo tu miedo, estuve en tu lugar dos veces, y la última vez fue acá. El dueño me vio tan asustado que me ofreció un lugar donde dormir. Desde ese día vivo acá, esta es mi familia
No sabia que decir, solo me quede callada mirando mis pies. Cuando volví a levantar la cabeza, vi su sonrisa, pero esta vez no era amplia y amable como cuando me vio por primer vez, si no con afecto, y diría que con un poco de empatia
Su cuerpo en el suelo me hace recordar ese día. Mi madre en el suelo y el salvándome la vida. Me arrodillo frente a él, tomo su cabeza con mis manos, y lo único que puedo pensar es en su amplia sonrisa el día en que nos conocimos.
Me aparto de él, y comienzo a ir a mi casa, quiero intentar parar las imágenes de nosotros en mi cabeza. Pero es imposible. Cuando entro, cierro la puerta con llave, me apoyo contra ella y me deslizo por ella hasta estar en el suelo. Una vez sentada miro a la nada. No lloro, el único sentimiento que corre por mi cuerpo es ira.
Pura ira 

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